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Bajo la Bandera: entre el símbolo y la sangre

Bajo la Bandera: entre el símbolo y la sangre

Entre la conmemoración del Día de la Bandera y el operativo que culminó con la muerte de “El Mencho”, México enfrenta la paradoja de celebrar soberanía mientras libra una de sus batallas más cruentas contra el crimen organizado.
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ada 24 de febrero México celebra el Día de la Bandera. No es una fecha cualquiera. Es la conmemoración del Plan de Iguala de 1821, cuando nació el lábaro tricolor como emblema de independencia, unidad y soberanía.

Dicen que la bandera no se inclina ante nadie, porque representa a todos.

Pero este año el aniversario llegó con olor a pólvora.

El símbolo y la realidad

Mientras en las plazas se izaba la bandera y se entonaba el himno, la Fiscalía General de la República confirmó la identificación forense del cuerpo de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Refrán viejo: “No hay mal que dure cien años”. Pero hay males que dejan cicatrices profundas.

El operativo que terminó con su muerte no fue menor. Según el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, murieron al menos 27 agentes de seguridad y más de 30 integrantes del grupo criminal fueron abatidos. Setenta detenidos, carreteras bloqueadas en siete estados, 2,500 elementos desplegados solo para reforzar la zona.

Cuando cae un jefe criminal de ese calibre, no cae solo; cae con él un ecosistema de violencia.

Soberanía compartida, cooperación vigilada

La presidenta Claudia Sheinbaum destacó la cooperación con Estados Unidos en la operación. Información compartida, inteligencia cruzada, respeto a la soberanía.

En política exterior, la línea es delgada: “El que pide ayuda no pierde la independencia, siempre que no entregue la casa”.

Sheinbaum fue clara: cooperación sí, subordinación no. Es un mensaje dirigido tanto a Washington como al electorado interno. Porque cuando se habla de soberanía, se habla también de orgullo nacional.

Y aquí la ironía histórica: el Día de la Bandera celebra independencia, pero la seguridad contemporánea exige interdependencia.

Más tranquilidad… ¿o pausa estratégica?

La mandataria afirmó que México amaneció con “más tranquilidad”. Carreteras liberadas, efecto disuasivo, gabinete de seguridad coordinado.

Pero el tablero internacional reaccionó con cautela. España, Portugal y Reino Unido emitieron alertas para sus ciudadanos en México. Cuando las embajadas recomiendan prudencia, el mensaje trasciende fronteras.

Reza el dicho: “Después de la tormenta viene la calma”. La pregunta es si la calma es estructural o solo el silencio posterior al estruendo.

La bandera como promesa

La bandera tricolor nació bajo la consigna de religión, independencia y unión. Hoy sus colores siguen simbolizando esperanza, pureza y sangre derramada por la patria.

Pero la sangre no es metáfora cuando hay 27 uniformes caídos.

En términos estratégicos, la muerte de “El Mencho” redefine el mapa criminal. Puede fragmentar estructuras o desatar disputas internas. La historia del narcotráfico en México enseña que cuando cae la cabeza, las extremidades pelean por el control.

“Cortar la culebra no siempre acaba con el veneno”.

El reto para el Estado no es solo ganar el operativo, sino administrar el día después. Consolidar presencia, evitar reacomodos violentos y sostener la narrativa de control.

Porque la bandera no solo se honra izándola, sino garantizando que debajo de ella haya paz.

Y en este 24 de febrero, entre ceremonias solemnes y cifras de combate, México recordó una verdad incómoda: la soberanía se proclama en discursos, pero se defiende en los hechos.

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